El verano ha llegado de manera definitiva y los aparatos de aire acondicionado son los reyes por antonomasia en estas fechas, así como las disputas sobre la temperatura ideal a la que deben fijarse estos aparatos, pero, ¿cómo conseguir una temperatura ideal para todos, sin que ello suponga un derroche energético e incluso un peligro para nuestra salud?

Una de las primeras consideraciones a tener en cuenta, es que no es recomendable que exista una diferencia superior a 12ºC entre el interior del edificio o vivienda y el exterior. Se ha estipulado que el aire acondicionado en verano debe estar programado a una temperatura media de 25-26ºC ya que en esta época del año las personas suelen ir mucho menos tapadas que durante el resto del año. Lo lógico es encontrarse dentro de un local, edificio o vivienda con una temperatura agradable, y no sentir la imperiosa necesidad de abrigarse. Si se acaba de llegar de la calle, se recomienda no reducir la temperatura del aire acondicionado por debajo de los 26ºC, es preferible esperar unos minutos a que el cuerpo se aclimate que poner en riesgo nuestra propia salud y disparar la demanda energética. Además de ello, se ha de tener en cuenta que cada grado que disminuimos la temperatura supone un gasto energético adicional de entre un 6 y un 8%.

Pero existen más factores a tener en cuenta a la hora de alcanzar niveles óptimos de confort, por ejemplo, es aconsejable aprovechar las horas nocturnas tanto para ventilar como para refrigerar la casa, pues durante este tiempo la temperatura suele bajar considerablemente con respecto a las horas más cálidas del día. Por el contrario, de día es aconsejable cerrar las ventanas e incluso bajar las persianas para evitar tanto la entrada de aire caliente hacia el interior de la vivienda, como la radiación solar.

Los toldos son otro de los elementos que ayudan a evitar la entrada de radiación hacia la vivienda, de hecho son la primera barrera. El uso de éstos puede llegar a reducir el calor hasta en un 90%.

El uso del ventilador también ayuda a reducir la sensación térmica hasta en 5ºC, por lo que colocar este aparato en un lugar fresco de la vivienda para que mueva el aire puede ayudar a reducir la temperatura y evitar así utilizar el aire acondicionado.

Pero si a pesar de estas medidas, finalmente hemos de hacer uso de los aparatos de aire acondicionado, debemos evitar dejar abiertas puertas y ventanas e incluso cambiarlas por unas con mayor aislamiento. En el caso de las ventanas podemos optar por ventanas con doble aislamiento, mientras que en el de las puertas, lo ideal será utilizar puertas automáticas. Esta solución es ideal para comercios, hospitales, edificios de oficinas, etc. Cuanto menores sean las fugas de temperatura hacia el exterior y  mayor la velocidad de apertura y cierrre de la puerta, menor será el gasto energético ya que a los equipos de aire acondicionado les costará mucho menos mantener constante la temperatura del interior del edificio. La estanqueidad del edificio o del propio hogar es esencial a la hora de evitar el sobregasto energético.

Tal y como se puede observar, mantener un edificio u hogar bajo unas condiciones óptimas de temperatura no es tan costoso, tan sólo hemos de prestar atención y evitar ciertos hábitos como bajar en exceso la temperatura o dejar puertas y ventanas abiertas.