Son muchos los arquitectos que buscan que sus diseños sean más sostenibles, más eficientes en términos energéticos, y más amables con la naturaleza, es decir construcciones capaces de mimetizarse con el entorno y cuyo objetivo principal sea el de reducir el impacto  causado por la edificación tradicional sobre el medioambiente, tanto en lo que respecta a las emisiones de gases y otros agentes contaminantes, como en lo referente a la contaminación visual.

La contaminación visual rompe la estética de los paisajes naturales, llegando incluso a provocar problemas de salud debido a una sobre estimulación visual agresiva e invasiva. Para reducir y paliar el impacto derivado de esta sobre exposición visual, nace un nuevo tipo de arquitectura, una forma de edificar que busca mimetizarse con el entorno y que copia los mecanismos naturales para adaptarlos a sus estructuras.

Qué es y cómo funciona la arquitectura biomimética

Esta arquitectura va más allá del simple hecho de tratar de minimizar el impacto visual mediante la mimetización con el entorno. Se trata de un estilo que busca soluciones sostenibles en los ejemplos que brinda la propia naturaleza, mediante la comprensión de sus normas y su funcionamiento.

Según expertos, los mecanismos naturales parecen funcionar mejor que muchas de las sofisticadas tecnologías de las que se dispone en la actualidad porque necesitan de menos energía, generan muy pocas cantidades de residuos, se produce un mayor aprovechamiento de los recursos naturales, y su huella sobre el medio ambiente es prácticamente nula.

Muchas de estas construcciones utilizan el propio terreno como parte de su estructura, lo que se traduce en una reducción del uso de materiales. Además, las edificaciones que se hayan encastadas en montañas o cuevas, gozan de un mayor nivel de aislamiento tanto en invierno como en verano, por lo que se tiene que hacer un menor uso de la electricidad. Como ejemplo de este tipo de construcciones destacan The Earth House Estate en Suiza, The Desert House en California, Caveland en Missouri, la residencia Aloni de Grecia, o Vila Vals en Suiza; todas estas construcciones son ejemplos claros de cómo se puede aprovechar el suelo, o las paredes de cuevas o montañas como parte de la edificación, pero sin perturbar la imagen paisajística del lugar.

Otros ejemplos

  • Cabaña de Övre Gla. Esta casa se encuentra a orillas del lago Övre Gla, en la reserva natural de Glaskogen (Suecia). Lo que hace que esta casa sea tan particular es que está completamente forrada de escamas de madera, puede ajustarse a las condiciones climáticas del entorno, así como al número de ocupantes. Esta cabaña ha sido diseñada tomando como referencia a las mariposas: durante los meses de invierno la casa se cierra como un capullo compacto con una especie de doble piel que aísla del duro frío sueco, mientras que en verano se despliega como lo haría una mariposa, bien para obtener mayor ventilación, bien para protegerse de las lluvias.

En su construcción se emplearon materiales tradicionales y naturales de la zona como la madera de cedro que forma parte del tejado, la cual, además de no necesitar mantenimiento, se torna gris con el tiempo, facilitando una completa mimetización con el entorno.

  • La casa de algas. También conocida como edificio BIQ (Coeficiente Intelectual Biológico), se encuentra en la ciudad de Hamburgo, Alemania, y es el primer edificio del mundo en contar con una fachada bio-reactiva. Su nombre viene dado porque uno de los lados de su torre tiene una superficie transparente formada por algas microscópicas, de ahí su tonalidad verde. Estas algas se nutren gracias al circuito de agua que corre por la superficie del edificio, y cuándo hay suficiente cantidad de éstas, son recogidas para hacer biogás, principal fuente energética del edificio.

Estas microalgas además son capaces de regular la luz que entra en el edificio: en invierno la reproducción de las algas es mínima debido a una menor incidencia solar, de modo que las pantallas de la fachada son prácticamente transparentes y permiten el paso de la luz al interior. Por el contrario, en verano aumenta el número de algas, creándose una pantalla natural que protege y aísla el edificio del calor.

  • Las casas espejo, el Tirol. Diseñadas por el arquitecto Peter Pichler, estas casas son el ejemplo perfecto de “casas camufladas” en la naturaleza. La fachada de estas casas está completamente formada por espejos, por lo que el entorno se refleja completamente, haciendo que las casas parezcan invisibles. Además el cristal del espejo se lamina con un recubrimiento UV para prevenir la colisión de las aves. Estas casas cuentan grandes tragaluces para asegurar la ventilación cruzada y la iluminación natural.

Integrar edificios u hogares en la naturaleza, o incorporar elementos naturales para su edificación puede reportar grandes beneficios tanto al ser humano como al entorno.

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