Con la creciente preocupación por el cambio climático y la sostenibilidad medioambiental, aumenta la necesidad social de construir “edificios inteligentes” creados específicamente para proteger y mejorar tanto el medioambiente como a las personas que residan o trabajen en ellos.

Es precisamente gracias a esta necesidad de sostenibilidad que el diseño arquitectónico pasivo o bioclimático está cobrando especial importancia, pues se fundamenta en la maximización de los recursos naturales para así depender en la menor medida posible de sistemas de iluminación y climatización artificiales.

Como ejemplo de este diseño bioclimático destaca la empresa mexicana Modebo, la cual ha desarrollado el “Virtual Chief Engineer” (VCE), un sistema que monitorea y reduce el consumo energético en oficinas, edificios comerciales y hoteles, entre otros. El sistema VCE identifica 20 veces más rápido los posibles errores eléctricos del inmueble, lo que se deriva en una toma de decisiones rápida y eficaz que permite a su vez un ahorro de energía de hasta el 60% respecto a un edificio convencional.

Pero este menor consumo no se logra únicamente con la monitorización de los sistemas. Los diseños bioclimáticos hacen uso de un mayor porcentaje de la iluminación natural, y sus fachadas cuentan con un aislamiento térmico envolvente, reduciéndose las pérdidas térmicas y a su vez la demanda de equipos de refrigeración y calefacción externos. Además de estas medidas, en caso de precisar de la utilización de fuentes externas de energía, estos edificios cuentan con una producción basada en renovables como paneles solares o las geotérmicas.

A continuación se muestran diversos ejemplos de edificios que cumplen con estos criterios:

  • Edificio Pixel, Melbourne (Australia): este edificio es sinónimo de sostenibilidad, pues se caracteriza por la utilización de energías renovables como la solar y la eólica, la recolección del agua pluvial mediante los jardines que se ubican en su azotea, la reducción de residuos, la iluminación y ventilación natural.
  • Museo del Mañana, Río de Janeiro (Brasil): edificio autosuficiente y sostenible cuyo techo está compuesto por placas fotovoltaicas que cambian su posición durante el día para aprovechar al máximo las horas de luz solar. La temperatura del edificio se reduce mediante el agua de piscinas cercanas.
  • World Trade Center, Nueva York (EEUU): diseñado bajo la premisa de la sostenibilidad, hecho que le ha otorgado la certificación LEED Gold. Los elementos con los que ha sido construido proceden en un 75% de materiales reciclados. Este rascacielos cuenta con pilas de combustible de hidrógeno, paneles solares y turbinas eólicas, además de un novedoso sistema con el que se medirán los índices de CO2 de Manhattan, expulsándose aire limpio en caso de ser necesario. El agua para las cisternas se obtiene mediante el bombeo del río Hudson, y la refrigeración se lleva a cabo gracias al aprovechamiento de la temperatura del propio río.

Un edificio inteligente no sólo supone un gran ahorro económico, sino que cuida y mejora el medio ambiente gracias al uso de fuentes de energía sostenibles, naturales y renovables, además de integrarse dentro del entorno en el que se encuentra.