Las medidas en materia de urbanismo que se tomen de ahora en adelante determinarán la calidad de vida del ser humano del futuro.

Se estima que actualmente alrededor de un 54% de la población mundial vive en grandes urbes, es decir, cerca de 3.900 millones de personas. Según datos proporcionados por las Naciones Unidas, y un reciente informe del Banco Mundial sobre el Desarrollo Urbano, esta cifra puede alcanzar los 6.000 millones en menos de 30 años, de ahí la problemática a la que se enfrenta el actual modelo de urbanismo.

Principales problemas de la superpoblación de las ciudades

Uno de los hándicaps fundamentales derivado de esta superpoblación, es que, las emisiones de CO2 y agentes contaminantes se van a ver incrementadas de manera exponencial porque se van a necesitar más recursos para abastecer tanto a las ciudades como a sus ciudadanos.

El abastecimiento de la población es uno de los problemas que más pueden afectar a largo plazo a la vida en los grandes núcleos. La correcta gestión de materias primas como el agua, la electricidad, los alimentos u otros recursos como el transporte, puede marcar significativamente el avance o el deterioro de una ciudad.

Pero no sólo el nivel de contaminación va a experimentar un notable aumento, los residuos sólidos derivados de la actividad del ser humano también lo van a hacer, siendo necesario encontrar un sistema que permita reciclar la mayor parte de estos residuos, emitiendo la menor cantidad de agentes contaminantes, y consumiendo la menor cantidad de energía posible en cada una de las fases del reciclado.

Otro de los problemas es el relacionado con el del deterioro de las infraestructuras por el exceso de uso al que se exponen, siendo necesario encontrar una solución que garantice el buen funcionamiento de éstas a largo plazo.

El autoabastecimiento y el ahorro energético como solución

Las ciudades del presente han crecido gracias a un progreso que ha implicado un fuerte perjuicio contra el medio ambiente, o dicho de otra manera, con políticas que han sido, al menos hasta la fecha, poco sostenibles. Pero esta metodología cada vez resulta menos factible; gobiernos, empresas y la propia ciudadanía son cada vez más conscientes de que se ha de cambiar el actual modelo de gestión en pos de uno más ecológico.

Una de las claves de las ciudades del futuro es el  ahorro energético. Apostar por este modelo significa apostar por la reducción de la huella de emisiones de agentes nocivos a la atmósfera, por lo que resulta imprescindible contar con edificios con un alto nivel de aislamiento y con un bajo consumo energético.

Para alcanzar este objetivo de estanqueidad es necesario que el edificio cumpla con una serie de requisitos:

  • Disponer de una envolvente o cubierta capaz de mantener la temperatura del interior constante y que evite intercambios de la misma.
  • Contar con ventanas con doble acristalamiento, y en lugares de climas extremos, con rotura de puente térmico para obtener mejores estándares de aislamiento.
  • Instalar puertas automáticas tanto en la entrada del edificio como en las diferentes áreas del mismo para sectorizar y evitar intercambios de temperatura. Las puertas automáticas no sólo garantizan la estanqueidad de los edificios, sino que se tornan necesarias en las grandes ciudades ya que eliminan las barreras arquitectónicas.

Los edificios de nueva generación no sólo han de tener en cuenta el grado de aislamiento, tienen que tener un consumo energético prácticamente nulo, para lo que es necesario:

  • Utilizar materiales de origen natural o reciclado para su construcción.
  • Hacer uso de las fuentes de energía renovables para abastecer las necesidades del edificio, desde energía solar o geotérmica para calentar las instalaciones, hasta recogida de agua pluvial para el riego, la limpieza o los servicios.
  • Edificar en base a la geografía. Esta metodología cada vez está más extendida en la nueva edificación ya que puede suponer un gran ahorro energético. Se utilizan las corrientes de aire naturales para ventilar el edificio, o se aprovecha la radiación solar para calentarlo. Además, los materiales propios de la zona pueden servir a la hora de construir el inmueble, siendo mucho más sostenible esta opción para el medio ambiente.

Los jardines verticales son otra de las opciones que ofrecen estos edificios de nueva generación, porque, no sólo ofrecen la posibilidad de reducir la cantidad de CO2 emitida y de generar grandes toneladas de oxígeno, sino que pueden ser la solución a los “futuros” problemas de abastecimiento, ya que se podrían utilizar para cultivar los alimentos necesarios para las urbes del mañana.

Las ciudades actuales tienen que continuar con su desarrollo teniendo como meta el autoabastecimiento, el ahorro energético, y el cierre de sus ciclos productivos para contar con un porvenir fructífero en el que el entorno cobre una mayor relevancia.

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