Según el Observatorio de la Accesibilidad Universal en los Centros de Trabajo en España 2015 de la Fundación ONCE, el grado de accesibilidad en los centros de trabajo en España es “deficiente” o “muy deficiente”. Esto es un hándicap para miles de personas que tienen una deficiencia o incapacidad y que quieren trabajar. De hecho, la tasa de actividad laboral de las personas con discapacidad se sitúa unos 40 puntos por debajo del resto de la población.  Esta cifra tan baja corresponde a muchos criterios como educativos y sociales pero también la falta de una apuesta por parte de las empresas para mejorar la gestión de la accesibilidad en los entornos de trabajo.

La gestión de la accesibilidad consiste en introducir una serie de medidas para que no existan barreras arquitectónicas o físicas en los puestos de trabajo. Desde puertas automáticas y rampas para mejorar el acceso al edificio hasta implementar la señalética adecuada. Eso permite la incorporación a la plantilla de personas con deficiencia o incapacidad pero también puede mejorar la situación de otros trabajadores (mayores, con alguna lesión, embarazadas…). Y,  lo que seguramente le gustará escuchar a cualquier empresario, puede mejorar las relaciones con los clientes y la imagen de la empresa.

Además, para crear un entorno de trabajo accesible no hacen falta grandes inversiones y existen ayudas y subvenciones para la adaptación del puesto de trabajo, la dotación de equipos de protección o eliminación de barreras u obstáculos. En la mayoría de los casos, la adaptación se realiza sobre elementos espaciales u organizativos, como un cambio en la ubicación de los elementos o una redistribución de espacios que no suponen ningún coste.

Se trata de adaptar el entorno de trabajo y sus requisitos a las características de la persona, para que pueda trabajar de la mejor manera posible. Para eso hay que analizar las necesidades, capacidades, habilidades y limitaciones de la persona. Y a la vez estudiar los requisitos y necesidades del puesto de trabajo. Con esa información se evalúan las posibilidades y se introducen los ajustes necesarios para conseguir la adaptación.

Pero además, existen una serie de medidas consistentes en suprimir barreras arquitectónicas, físicas o de comprensión con las que se pueden lograr grandes avances:

  • Circulación. La manera de diseñar el lugar de trabajo tiene que dejar espacios amplios para favorecer la circulación de personas con sillas de ruedas. Lo mismo ocurre con la necesidad de crear entradas al edificio adaptadas con rampas o con encaminamientos, puertas automáticas, suelos no deslizantes, desniveles no superiores al 6%, aceras amplias, eliminar obstáculos…
  • Mesa de trabajo. La mesa de trabajo de una persona con discapacidad física debe adaptarse a las ayudas técnicas que tenga. Por ejemplo, su altura debe acoplarse a la de la silla de ruedas, igual que el espacio alrededor y el mobiliario auxiliar como archivadores o cajoneras.
  • Elementos de apoyo. Para los avisos de emergencia, si el trabajador tiene una discapacidad auditiva se hará necesario incluir dispositivos luminosos. Igual que se pueden distinguir las zonas por colores, para facilitar su comprensión o colocar encaminamientos para trabajadores con problemas visuales…
  • Zonas comunes. Hay que considerar la adaptación de los cuartos de baño, el vestuario (si existe), el ascensor o el acceso a las salas de reuniones, parking, zona de comidas…
  • Señalética clara. Sobre todo si la discapacidad es intelectual o funcional es conveniente utilizar una simbología claramente comprensible y unas señales sencillas. Así los usuarios se sentirán más seguros e independientes.
  • Puertas automáticas. Colocar un cambio de textura en el piso, a cada lado de las puertas, puede servir para alertar a los trabajadores con problemas de visibilidad. Apostar por las puertas automáticas, que facilitan la circulación y que puedes controlar la velocidad de apertura y cierre para adaptarla a las personas con limitaciones de movilidad. Esas puertas automáticas también deben tener un ancho que permita el paso de una silla de ruedas y facilidad de apertura.
  • Iluminación. Cuidar de la iluminación es fundamental, ya no sólo para la accesibilidad del puesto de trabajo, sino para el bienestar de todos los trabajadores. Reducir los contrates de luz, apostar por la luz solar en detrimento de la artificial, colocar las mesas de trabajo de manera que la fuente de luz esté fuera de su campo de visión mientras desarrolla la tarea…
  • Las personas con limitaciones auditivas tienen más dificultad para comunicarse si el nivel de ruido es muy elevado. Además de ser perjudicial para todo el mundo ya que un nivel alto de ruido perjudica la concentración y aumenta la agresividad y el absentismo. Por ello puede ser conveniente colocar paneles absorbentes, pisos alfombrados o revestir paredes y tabiques para mejorar la acústica de la oficina.

El empleo es una herramienta fundamental para fomentar la autonomía de las personas, para su participación en la comunidad y para mejorar su calidad de vida. Crear entornos de trabajo accesibles no solo ayuda a las personas con discapacidad sino también al resto de empleados. Y esto genera una mayor satisfacción lo que incrementa la productividad y reduce el absentismo y las bajas laborales, aumentando la rentabilidad de los negocios.