Empresas, fábricas, edificios de oficinas o centros comerciales entre otros necesitan hacer uso de una gran cantidad de energía eléctrica cada día para poder desempeñar su actividad cotidiana. En esta nueva era tecnológica conocida como la cuarta revolución industrial o revolución 4.0, las empresas buscan la diferenciación, tratando de aportar valor añadido a su marca, y una buena manera de conseguirlo es mediante el ahorro energético.

El desarrollo de la actividad de los edificios supone más del 40% de la energía que se consume a nivel mundial, con la contaminación que ello implica. Para conseguir una reducción del consumo eléctrico es necesario realizar una inversión inicial considerable en las estructuras de los edificios, pero esta inversión se recuperaría en un breve espacio de tiempo gracias al ahorro energético derivado de estas medidas correctoras.

En Europa se ha fijado el conocido como “objetivo 20-20-20 para intentar paliar el dispendio energético derivado de la actividad de los edificios. Se pretenden reducir para el próximo año 2020 las emisiones de agentes contaminantes en un 20%, a la vez que se incrementa en otro 20% el uso de energías alternativa. En otras palabras, se busca el consumo casi nulo de los edificios y fábricas, y para ello tienen que ser capaces de autoabastecerse mediante energías limpias.

Ventajas derivadas del ahorro energético

Los smart buildings o smart factories son uno de los estandartes de la revolución 4.0. Las fábricas inteligentes tienen como principal objetivo la asignación inteligente de los recursos disponibles, haciendo un menor uso de las fuentes de energía convencionales en pos de las energías limpias o renovables, reduciendo los costes y siendo mucho más eficientes en términos de sostenibilidad, algo que hoy en día los clientes valoran cada vez más.

  • La concienciación social sobre la problemática medioambiental es una realidad, y se ha comprobado que los usuarios están dispuestos a pagar más si tienen la seguridad de que el producto o servicio ha sido fabricado bajo los estándares de sostenibilidad actuales, es decir, las empresas que se impliquen en mayor medida en la optimización y el correcto uso de los recursos energéticos van a ver mejorada su imagen de marca.

 

  • La eficiencia energética reduce el gasto energético de edificios y fábricas, haciendo a las empresas más competitivas gracias a la reducción de los costos de producción y al ahorro económico que supone.
  • La inclusión de las nuevas tecnologías, de las energías renovables, y un uso mucho más responsable de cualquier fuente de energía no sólo va a mejorar la concepción del usuario respecto a la marca o empresa, sino que va a abrir un verdadero abanico de oportunidades laborales. Técnicos de áreas como la arquitectura, ingenieros, informáticos, interioristas, urbanistas y profesionales de las de las nuevas tecnologías de la información (TIC), entre otros, tienen ante ellos la oportunidad de desarrollar nuevos sistemas, programas y equipos que mejoren las instalaciones en términos de eficiencia energética, ayudando a reducir la contaminación causada por las emisiones de agentes contaminantes a la atmósfera.

Aunque es pronto para hablar del impacto real que los nuevos puestos de trabajo pueden generar próximamente, se puede hacer una estimación teniendo en cuenta que el empleo derivado de este nuevo modelo de edificación inteligente supuso en el año 2012 cerca de 300.000 puestos de trabajo nuevos tan sólo en Estados Unidos.

  • Independencia energética. Muchos países tienen una gran dependencia energética externa, llegando a alcanzar en muchos casos el 80%. El uso de energías renovables hace que se reduzca esta dependencia, favoreciendo el trabajo local y reduciendo gastos derivados de la compra de energía exterior.
  • Beneficios medioambientales. Las grandes urbes son los espacios que más perjudicados ven su entorno y la calidad de su aire debido a la falta de vegetación y a la gran concentración de edificios, personas, medios de transporte, industria, etc. Para intentar paliar esta situación es necesario optar por medidas paliativas como la reducción del uso de energía eléctrica y un mayor uso de energías naturales como la solar, la eólica o la geotérmica.

Gracias al uso de energías limpias y sostenibles disminuye el consumo de recursos naturales, reduciendo el daño ambiental, la contaminación, los residuos y el impacto de los gases causantes del efecto invernadero.

Además de ahorrar en términos económicos, optar por fuentes de energía alternativa va a suponer una mejora del medioambiente y de la salud de las personas.

 

  • Impulso a la innovación. Derivado de la necesidad de conseguir equipos eléctricos, edificios, fábricas y hogares más eficientes se impulsa e invierte en I+D, lo que favorece enormemente el desarrollo social, tecnológico y humano. Gracias a este desarrollo se consiguen grandes avances en un periodo de tiempo mucho menor, alcanzando a su vez una mayor diversificación industrial y una mejora en la calidad de vida del ser humano.

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