Cuando las empresas estudian cómo reducir sus costes, comprueban que una de las partidas más importantes es el consumo energético. Hay estudios que demuestran que el 86% pagan sobrecostes en su factura energética, lo que no sólo influye en la cuenta de resultados, sino también en que el consumo sea más responsable y perjudique menos al medio ambiente.

Por ello es importante introducir una serie de pautas de ahorro energético, para fomentar el consumo responsable y sostenible. Lo primero que hay que hacer es realizar una auditoría energética, que recoja toda la información, señale dónde puede producirse un mayor ahorro y sacar el máximo provecho a lo que ya existe. En el caso de la industria, con sus actuales sistemas se podría reducir su consumo energético entre un 10 y 20%.

El segundo paso sería sustituir dispositivos poco eficientes por otros de bajo consumo y si existen fugas, arreglarlas. También se pueden realizar pequeños gestos que reducen significativamente el consumo, como utilizar la luz natural o apagar la luz artificial cuando no se necesite. En este sentido es interesante automatizar estos sistemas porque así el ahorro energético será mayor.

Al igual que ocurre con la luz, es importante apagar los equipos informáticos (no sólo los ordenadores, también las impresoras y fotocopiadoras) cuando no se estén utilizando, así como comprar aquellos que sean de bajo consumo.

Mejorar la climatización sería la tercera pata del ahorro energético en su empresa o industria. Con el aislamiento de ventanas, el uso de puertas automáticas o aislando tejados y fachadas se reducen mucho las fugas de frío o calor y ya no es necesario tener tan alta la calefacción o el aire acondicionado. También se pueden introducir equipos de climatización que apuesten por la eficiencia energética, mejoren la distribución y regulen la temperatura.

En el caso concreto de la industria es necesaria la revisión de los motores, para utilizar la potencia correcta; sustituirlos, si es necesario, por otros de bajo consumo; colocar los compresores lo más cerca posible del punto de demanda; aislar las instalaciones adecuadamente y con buenos cerramientos herméticos, entre otras medidas. Además, revise periódicamente las instalaciones para evitar fugas, optimizar los sistemas y evitar fallos que sobrecarguen la red energética.

Otra buena práctica que se debe introducir en la empresa está relacionada con los vehículos. Un plan de mantenimiento de la flota, una planificación de las rutas buscando la eficiencia del consumo, implantar técnicas de conducción eficiente o ir sustituyendo la flota por vehículos más eficientes, híbridos o eléctricos son algunas de las medidas que se pueden aplicar.

A estas medidas se pueden sumar otras como la introducción de la energía renovable, a través de la biomasa y placas solares; incorporar criterios de arquitectura bioclimática (un edificio bioclimático consume entre un 40% y un 60% menos energía) si hay que construir un nuevo edificio; o realizar una correcta gestión de residuos.

Y sobre todo, implante en su empresa una auténtica cultura de la eficiencia energética que implique a todos, desde directivos a trabajadores, mediante formación e información. Formación para que incorporen el ahorro energético a sus hábitos e información para que conozcan las mejoras obtenidas y se les reconozca el esfuerzo realizado.