Cuando todavía estamos adaptando nuestras empresas, sobre todo las pymes, a la revolución tecnológica que se produjo a finales del siglo XX, ya se está oyendo hablar de una nueva revolución que puede cambiar la manera de entender la industria, la actual y la del futuro.

Es lo que los economistas definen como la Industria 4.0 o el Internet de las Cosas en la Industria. Estamos hablando de la digitalización de los sistemas de producción a través de la conectividad de red, con lo que se lograrían fábricas inteligentes en las que confluirían el mundo de la información con el mundo de la producción, consiguiendo así optimizar el proceso productivo y aumentar la flexibilidad.

Algunas fuentes señalan que los que están empezando a utilizar técnicas de automatización y producción más flexibles en los procesos de fabricación pueden aumentar la productividad en casi un 30%. Si a ello añadimos que el mantenimiento predictivo de los activos puede suponer un ahorro de hasta el 12% en reparaciones programadas, reducir los costes de mantenimiento en un 30% y disminuir el índice de fallas en un 70%, se puede ver el atractivo de apostar por esta tendencia.

Expresiones como informática impulsada por sensores, analytics industrial, realidad aumentada, big data o la inteligencia artificial pueden parecernos salidas de una película de ciencia ficción, pero pronto deberemos incorporarlas a nuestro lenguaje y a nuestra empresa si no queremos quedarnos descolgados de esta nueva realidad.

¿Qué supone el Internet de las Cosas de la Industria? Sencillamente es crear una conectividad de red entre las máquinas, de manera que éstas se comuniquen entre sí. Por compararlo con algo más cercano, funciona de manera similar a algunos electrodomésticos (horno, lavadora o nevera) que podemos controlar con nuestro smartphone gracias a la conexión a Internet con la que cuentan. Y ya hay ciudades que aplicando este modelo están tomando decisiones en temas como el ahorro de energía, optimización del tráfico o la gestión del agua.

Esto mismo se puede trasladar a la industria. La conectividad de las máquinas y el tráfico de datos permite agrupar una cantidad infinita de información que, por su volumen, sería difícil de analizar. Una puerta automática puede hacer algo más que abrir y cerrar. A través de sensores y con una conexión a Internet puede convertirse en una puerta inteligente, que puede interactuar con los usuarios y a la vez obtener datos que pueden utilizarse en acciones posteriores.

Además, la empresa pueda adaptar la producción dependiendo de a qué cliente se dirija, incrementando así su flexibilidad. Las decisiones pueden ser tomadas a partir del análisis de datos, manteniendo una calidad constante y reduciendo el riesgo de error humano.

El Internet de las Cosas es un concepto que puede impactar en la manera en la que la economía afecta a las personas, la sociedad y los países y que, de lograrse, supondrá un potente impulso para la economía.