Desde hace dos años y medio es obligatorio contar con la etiqueta energética si un propietario quiere vender o alquilar un piso. También es necesaria en inmuebles nuevos y en aquellos que se van a rehabilitar, si la modificación afecta a más del 25% de la superficie, así como en aquellos en los que una autoridad pública ocupe más de 250 metros cuadrados y que sean frecuentados por el público.

Sin embargo esta etiqueta sigue siendo una gran desconocida para muchas personas, que en el momento de llevar a cabo una transacción inmobiliaria ven como les requieren este documento y no saben qué hacer.

La primera pregunta que puede surgir es ¿para qué sirve? La etiqueta es una manera de demostrar que su inmueble ha obtenido la certificación energética, que incluye información objetiva sobre su eficiencia energética, así como valores de referencia. Todo ello para poder comparar y evaluar la eficiencia energética y conocer los costes, actuales y futuros de los suministros energéticos.

Una etiqueta energética sigue un código de indicadores similar al que utilizan los electrodomésticos, siendo la A el más eficiente energéticamente y la G el menos eficiente. Además incluye datos de consumo de energía y de CO2 anual. Conociendo todos estos datos, el objetivo de esta etiqueta es conseguir que ahorremos en la factura energética, disminuyamos las emisiones de CO2 a la atmósfera y mejoremos nuestra calidad de vida.

Porque vivir en un edificio energéticamente eficiente puede suponer un descenso del consumo energético de entre un 70%-90%, manteniendo el nivel de confort de los habitantes. Y no es por el modo en que generamos el calor o el frío, sino principalmente es por las pérdidas de calor o frío que pueden producirse debido a malos cerramientos y aislamientos. Por ejemplo, un edificio con puertas automáticas permite separar la zona aclimatada del exterior, evitando corrientes de aire y mezcla de temperaturas, lo que hace que el consumo energético sea menor sin bajar el grado de bienestar de las personas que viven o trabajan allí.

Para obtener esta etiqueta que evalúa la eficiencia energética de su inmueble, debe buscar a un técnico competente para certificarlo. Ingenieros, ingenieros técnicos, arquitectos o arquitectos técnicos son los profesionales autorizados para suscribir este certificado.

Una vez en su poder, el documento debe registrarse ante el órgano competente de cada comunidad autónoma, un paso que es obligatorio y que se puede hacer bien de forma telemática o bien de forma presencial. El propietario del inmueble o el promotor tiene un mes desde su expedición para registrar el certificado de eficiencia energética.

Transcurridos dos días del registro del certificado, se puede descargar la etiqueta de eficiencia energética para poder ponerla en el inmueble que lo ha solicitado. La etiqueta energética y los certificados energéticos o certificados de eficiencia energética caducan a los 10 años de su emisión.

El peso que ha adquirido el consumo energético en nuestra partida de gastos es tal, que cualquier reducción es bienvenida, por ello saber si un edificio es energéticamente eficiente y qué podemos hacer para mejorar esa eficiencia son inversiones que nunca están de más.