Cada día es mayor la importancia de la variable medioambiental a la hora de desarrollar un proyecto. Hoy en día no se concibe el diseño de un nuevo puerto, de un hospital, o de una nueva zona comercial sin el análisis previo de las efectos que la ejecución de ese proyecto podría ocasionar sobre la zona donde se implante físicamente.

La Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) es el método más efectivo para evitar las agresiones al medio ambiente y conservar los recursos naturales en la realización de proyectos. La Directiva 85/337/CEE de 27 de junio de 1985 relativa a la evaluación de las repercusiones de determinados proyectos públicos y privados sobre el medio ambiente, considera que se deben evaluar los efectos de un proyecto para proteger la salud humana, contribuir a la mejora de la calidad de vida, mantener la biodiversidad y conservar los ecosistemas.

Una EIA debe incluir una descripción general del proyecto, teniendo en cuenta los efectos ambientales, una exposición de las principales alternativas estudiadas y una justificación de las principales razones de la solución adoptada. También debe mencionar las medidas previstas para reducir, eliminar o compensar los efectos ambientales significativos.

Esta evaluación se refiere siempre a un proyecto específico, y define el tipo de obra, materiales a ser usados, procedimientos constructivos, trabajos de mantenimiento en la fase operativa, tecnologías utilizadas, etc… Pero una vez que el proyecto ha sido llevado a cabo, existen otro tipo de medidas en el ámbito de empresa para ser responsables con el medioambiente.

Aguirre Newman, Garrigues Medio Ambiente y Aire Limpio, presentaron un informe sobre la situación ambiental y las políticas de sostenibilidad de las principales empresas de todos los sectores en España. El 85% de las grandes empresas españolas se preocupan por el medio ambiente, el 99% recicla sus residuos y el 90% controla su gasto eléctrico. Estos datos revelan, además, que las empresas se preocupan por el consumo energético y en especial  queda reflejado en el control de la temperatura ambiental y en el empleo de materiales y equipos eficientes: puertas automáticas, sistemas de ventilación, paneles solares…

Pero no sólo las grandes empresas toman partido en esta lucha, las pymes deben ser partícipes y crear acciones que ayuden. Entre el 75% y el 90% de ellas consideran erróneamente que sus actividades no tienen ninguna repercusión ambiental.

¿Qué pueden hacer las empresas para frenar el cambio climático?

  • Renunciar a los combustibles fósiles para reducir las emisiones
  • Actualizar las infraestructuras sin perder energía.
  • Acercar el trabajo a los trabajadores para reducir desplazamientos.
  • Consumir menos y comprar productos “verdes”.
  • Ser más eficientes en el uso de la energía.
  • No dejar los aparatos eléctricos en stand-by.
  • Utilizar biocombustibles.

La legislación es clara en cuanto a las exigencias de los estudios y de la evaluación de impacto ambiental, y la sociedad está comprometida con la protección del medio ambiente. Desde Manusa apoyamos este tipo de iniciativas. No deberían darse con tanta frecuencia casos que ponen en peligro la calidad de vida de la población actual y futura. Es importante respetar la habitabilidad de los espacios en los que vivimos y convivimos con el resto de seres vivos.