La mayoría de las empresas profesionales usan puertas automáticas como herramienta fundamental para asistir a sus clientes, ahorrar dinero y crear un ambiente más seguro y limpio.

¿Cómo sería acudir a un supermercado o centro comercial habitual y que las puertas automáticas hubieran desaparecido? En su lugar, pesadas puertas manuales se interpondrían en nuestro camino. Un mundo en el que ancianos y personas con baja movilidad tendrían dificultades para realizar tareas de forma independiente. Imaginemos que los hospitales no dispusieran del aislamiento necesario en quirófanos para protegernos de la propagación de enfermedades.

Nada de todo esto suena a mundo moderno, abierto a todos y eficiente. Pero la realidad es que las puertas automáticas no siempre han estado presentes en tiendas, hospitales u hoteles. A pesar de que fueron inventadas en el siglo I en la época del Egipto romano, su uso no se extendió hasta el siglo XX, no sin antes pasar por años de problemas de fiabilidad técnica.

Por suerte para todos, actualmente las puertas automáticas son diseñadas y mantenidas por ingenieros y técnicos profesionales que comprenden la importancia de este elemento y sus características (seguridad, eficiencia, servicio al ciudadano etc…).

En España hay 9 millones de personas que superan los 65 años, y 4 millones de personas que sufren enfermedades de larga duración, discapacidad y/o baja movilidad. Es deber de los establecimientos garantizar la accesibilidad y recibir a todos sus clientes con las puertas abiertas, literalmente.

Sin puertas automáticas, gran parte de la población sería discriminada, especialmente en zonas con una tasa de población más envejecida. Por ello, la mayoría de países disponen de una legislación que garantiza, entre otros, el derecho a la accesibilidad. En España, el Real Decreto Legislativo 1/2013 establece el régimen de infracciones y sanciones en materia de igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las personas con discapacidad. Incumplir la ley no siendo accesible puede resultar muy caro.

Afortunadamente, son muchas las organizaciones, instituciones y comercios los que usan puertas automáticas, conscientes de que no sólo garantizan el acceso universal, sino que su instalación favorece el tráfico fluido, fomenta una imagen mucho más segura y profesional, y garantiza ahorro gracias a su eficiencia energética.

Un ejemplo claro de ello son los hospitales. Las instituciones médicas son, proporcionalmente, uno de los lugares con mayor presencia de puertas automáticas. Su uso no solo ha facilitado las labores de movilidad de usuarios y personal sanitario, sino que también proporcionan un remedio efectivo contra la propagación de enfermedades en el caso de puertas herméticas automáticas.

Pero los ejemplos de usos de puertas automáticas con beneficio social y/o económico son muchos. Sin ellas, una parte del avance social actual no habría sido posible. ¿Podemos imarginar un mundo sin ellas?