La elección del inventor más importante de la historia es subjetiva. Resulta muy complicado ponerse de acuerdo. Por nuestras cabezas pasan nombres como Leonardo da Vinci, Nikola Tesla o Arquímedes. Sin embargo, existe una figura que ha sido injustamente relegada a un segundo plano en la historia.  Nos referimos  a Herón de Alejandría.

También conocido como Michanikos, el hombre mecánico, llegó a idear más de 80 aparatos mecánicos que funcionaban con aire, vapor o presión hidráulica. Algunos tan ingeniosos que cuesta creer que viviera en el siglo I DC.

Entre sus ideas destacan la primera máquina expendedora o los primeros robots. Pero probablemente uno de sus inventos más famosos fue la primera máquina de vapor, conocida como eolípila. Para demostrar que esta máquina tenía aplicaciones prácticas, diseñó una versión que servía para abrir las puertas de los templos: las primeras puertas automáticas de la historia.

En lugar de energía eléctrica, la fuente de energía era el vapor de agua, el cual puede llegar a ejercer presiones enormes, y por lo tanto, abrir una puerta o cualquier otra cosa usando un simple sistema de poleas y transmisiones.

Imaginemos una esfera hueca llena de agua a la que se adaptaban dos tubos curvos. Por encima se colocaba un caldero que era encendido por el sacerdote del templo para accionar el mecanismo. Cuando el aire se calentaba dentro de la esfera, la corriente se expandía obligando a salir al agua y a pasar a otro cubo. Esto es lo que producía un movimiento hacia abajo debido al peso del líquido.

Este cubo estaba conectado a una cuerda enrollada alrededor de un eje, de forma que al moverse hacia abajo, el eje giraba y las puertas se abrían . Todo este sistema quedó recogido en sus tratados sobre la hidráulica titulados “La Neumática”.

Herón implementó su invento en templos y palacios, dejando asombrados a reyes y esclavos. Todos quedaban tan sorprendidos que el inventor era conocido como El Mago. Llegó incluso a sincronizar la apertura de las puertas con el sonido de trompetas automáticas.

Con la llegada del motor eléctrico en el siglo XIX, la historia de las puertas automáticas tal y como las conocemos, cambió para siempre. Aún así no se puede negar el ingenio de los científicos antiguos para conseguir lo inimaginable.

Al principio del artículo mencionábamos a ilustres inventores como da Vinci, Arquímedes o el propio Herón, personajes que fueron adelantados a su tiempo, que creían en un futuro mejor y dedicaron sus vidas a su verdadera pasión: innovar y facilitar la vida a las generaciones posteriores. Por ello, en Manusa los consideramos una gran inspiración.