Seguramente al ver unas puertas automáticas se tiene la impresión de estar frente a una invención relativamente moderna. Sin embargo, el creador del primer sistema de puertas automáticas vivió en el siglo I d.C., hablamos de Herón de Alejandría. Este griego es considerado uno de los más grandes ingenieros y científicos de la Antigüedad, y el autor de numerosos tratados de mecánica, como “La Neumática”, que estuvieron perdidos por siglos, pero que cuando se descubrieron sorprendieron por sus teorías y experimentos sobre la presión del aire y del vapor.

La utilización del aire como fuente de energía tenía un lugar importante en la vida cotidiana de los antiguos, que utilizaban la energía neumática bajo numerosas formas, desde la propulsión de navíos hasta diversos modelos de pompas o sifones. Herón de Alejandría aportó numerosas mejoras y aumentó la eficiencia energética de los sistemas propuestos por sus antecesores. En sus notas y dibujos describió con detalle aparatos mecánicos que él mismo llevaba a la práctica.

Con todo, fueron las puertas automáticas del templo diseñadas por Herón las que causaron un asombro tal que muchos aseguraron encontrarse frente a un acto de magia. El ingenioso sistema permitía la apertura o la cerradura de las puertas sin la intervención humana. Para abrir las puertas el sacerdote debía prender un fuego sobre un altar que se encontraba a un costado de la entrada del edificio. El aire calentado por el fuego bajaba por un tubo hasta una cuba con agua. Al expandirse, el aire caliente empujaba un chorro de agua hacia otra cuba más pequeña y vacía que se mantenía suspendida. Cuando esta cuba recibía el agua, ganaba peso y accionaba un mecanismo de poleas con cuerdas atadas a los ejes de las puertas, que permitían que estas se abrieran. Por el contrario, cuando el fuego se apagaba y el aire se condensaba, se efectuaba el proceso inverso que hacía que las puertas se cerraran. Esta técnica que ante nuestros ojos puede parecer primitiva, es la técnica pionera de nuestras puertas automáticas actuales.

El gran legado de Herón fue la ideación de mecanismos que trabajan sin necesidad de ser supervisados por un ser humano y con una gran eficiencia energética, de modo que muchos lo consideran un pionero en la cibernética, entendida como la ciencia que se refiere a todos los mecanismos que utilizan una regulación automática.

Actualmente hemos conseguido dejar de lado el fuego y el vapor de agua para pasarnos a los motores Manusa, no obstante la idea inicial no es nuestra, ni mucho menos, por lo que siempre estaremos agradecidos a Herón de Alejandría, cuya mente ideó uno de los inventos más utilizados diariamente en todo el mundo. En Manusa intentamos coger su relevo en el siglo XXI para hacer de las puertas automáticas una herramienta más útil, más eficientes y más seguras.