Como cualquier otra materia, la arquitectura va evolucionando conforme lo hace la sociedad. En la actualidad, hemos pasado de diseñar edificios inteligentes a pensar en edificios verdes, que son aquellos que son diseñados y construidos pensando siempre en la protección del medio ambiente, que son económicamente beneficiosos (tanto por el ahorro que generan, como por los ingresos que producen) y que contribuyen al bienestar de las personas que los ocupan. Es lo que se conoce como la línea de base triple, que es la base de la sostenibilidad.

Casar esos tres conceptos es fundamental a la hora de empezar a pensar y diseñar un edificio verde o green building. Para ello hay una serie de medidas que hay que tener en cuenta a la hora de acometer cualquier edificio verde:

  • Analizar las condiciones del entorno antes de empezar la construcción, para que el edificio esté en armonía con la ubicación elegida. Y su diseño debe ser agradable y cuidado, tanto en el interior como en el exterior.
  • Suministro de energía. Un edificio verde apuesta por la sostenibilidad, con lo cual aprovechará los recursos naturales para generar la energía que necesita, tales como reutilizar el agua de lluvia para su suministro, incorporar paneles solares para la generación de energía limpia o el aprovechamiento de la luz solar gracias a grandes ventanas con buen cerramiento.
  • Bienestar de las personas. El ambiente interior del edificio ha de buscar el bienestar físico y psicológico de sus habitantes, por lo que su diseño debe buscar la confortabilidad, una buena comunicación y pensar en las diferencias de las personas, por ejemplo, eliminando barreras arquitectónicas, instalando puertas automáticas o eligiendo una buena señalización. Además ha de contar con sistemas capaces de eliminar los elementos tóxicos que se encuentren en el ambiente.

Por todo ello podemos decir que un green building es un paso más después de los edificios inteligentes, porque usa la tecnología para lograr una mayor sostenibilidad y un mayor bienestar para las personas. Por ejemplo, usando sensores de presencia o la automatización de la iluminación para aprovechar mejor la energía o en la fase de construcción utilizando materiales ecológicos o reciclados.

Y además producen un importante ahorro. Según una guía del Consejo de la Construcción Ecológica de los Estados Unidos, un edificio verde usa un 26% menos de energía, la satisfacción de sus ocupantes es un 27% más alta, los costos de mantenimiento son un 13% menos y reduce en un 33% sus emisiones de CO2. Además con una construcción basada en la sostenibilidad, un edificio aumenta su vida útil y el coste de mantenimiento es menor.

A ese ahorro hay que sumarle los beneficios que genera un green building, ya no sólo al medio ambiente, sino a los propietarios del edificio porque que las rentas pueden ser más altas, también porque se pueden acceder a incentivos públicos, los trabajadores son más productivos y aumenta la reputación corporativa.

Como vemos, un edificio verde es algo más que una serie de medidas para proteger al medio ambiente, es reflejo de una manera de entender la relación entre las personas y el entorno en el que se mueven.